Adrián estaba más distante desde el regreso de Victoria y Fernanda sabía que no era solo una ausencia física. Seguía en la mansión, atendía llamadas, revisaba asuntos de la empresa y preguntaba por sus terapias cuando coincidían. Pero había momentos en que se quedaba mirando el teléfono o desaparecía durante horas en el despacho sin explicar qué hacía.
También había empezado a hacer preguntas.
Preguntas pequeñas.
Demasiado cuidadosas.
—¿Recuerdas quién organizó el traslado de tus pertenencias d