Victoria llegó al despacho del licenciado Rivas veinte minutos antes de la cita.
No quiso esperar en el auto. Tampoco quiso llamar a nadie para llenar el silencio. Subió al cuarto piso con una carpeta contra el pecho y se sentó en la recepción, mirando las plantas junto a la ventana como si necesitara fijarse en algo quieto para no pensar demasiado.
La secretaria la reconoció de inmediato.
—Señora Montenegro, el licenciado aún está en una llamada. Puede pasar en unos minutos.
Victoria levantó la