Fernanda entendió que ya no bastaba con llorar en los lugares correctos.
La reunión familiar le había dejado una certeza amarga, Adrián seguía a su lado por deber, pero cada vez que alguien intentaba sacar a Victoria de la historia, él reaccionaba. No con palabras claras, sino con una incomodidad profunda, como si la idea de perderla lo tocara en un lugar que aún no quería mirar.
Fernanda no podía permitir que esa duda creciera.
Al día siguiente llamó a Carolina Espinosa, una vieja amiga del cír