El rugido de las turbinas del avión comenzó a disminuir, convirtiéndose en un zumbido sordo que marcaba el final de un largo trayecto fuera de los Estados Unidos. Ana mantenía la frente apoyada contra la pequeña ventanilla, observando cómo las nubes se partían para revelar, como un tesoro escondido, el relieve accidentado de una costa que parecía pintada a mano.
Ese fue el primer indicio de que su vida estaba a punto de dar un vuelco total. Estaba emocionada, con Luciano junto a ella, siendo el