Recorrieron primero los puestos de comida callejera en Lapa. Probaron coxinha y bolinhos de un solo bocado, riendo mientras el sabor de las especias les inundaba el paladar. Ana se maravillaba con el arte callejero. Murales gigantescos de colores psicodélicos que cobraban vida bajo las farolas. Vieron grupos de mujeres tocando tambores con una fuerza ancestral, rodeadas de gente que aplaudía al ritmo del axé. En un momento, el viento sopló y un mechón del cabello de Ana rozó los labios de Lucia