La noche posterior a la lectura del testamento se asentó sobre la mansión Harroway con un frío que calaba los huesos.
El viento gemía entre los aleros de la vieja estructura y sacudía los marcos de las ventanas como si el espíritu del abuelo intentara reclamar su morada. Julian, refugiado en la penumbra de su habitación, vertió una generosa dosis de brandy en una copa de cristal tallado. El líquido ámbar captó el escaso brillo de las velas justo antes de que la puerta se abriera sin previo avis