La suite principal de los Ashworth se había transformado en un escenario empalagoso de Olivia para dar una gran noticia.
Olivia no escatimó en gastos, que por supuesto salió de la cuenta de su prometido. Comprendía que, para que Dante digiriera una noticia de tal calibre, el envoltorio debía resultar impecable.
Cuando Dante cruzó el umbral, se detuvo en seco. El techo, antes sobrio, desaparecía bajo una masa de globos dorados, rosas y celestes que flotaban sobre el lecho. En el centro del edredón descansaba una caja de terciopelo abierta, exhibiendo unos zapatitos de seda blanca que relucían bajo la luz de las lámparas.
Al principio Dante no comprendía que sucedía. Se había bebido algunos tragos en el trabajo, y estaba algo mareado, pero ajeno a eso, le sorprendió el arreglo. ¿Estaba cumpliendo años? ¿Era su aniversario? ¿Qué demonios significaba la extravagancia??
—¿Qué demonios significa este despliegue, Olivia? —inquirió Dante, soltando su maletín de cuero con un golpe sordo que de