La suite principal de los Ashworth permanecía sumergida en una penumbra artificial, interrumpida apenas por el resplandor de las velas que Olivia encendió con meticulosidad para crear ambiente.
El aire, denso y saturado por el aroma dulzón de un perfume de alta gama, se sentía como una trampa de seda. Dante ocupaba el sillón de cuero frente al ventanal y sostenía una copa de whisky con una firmeza mecánica, mientras sus ojos observaban a la mujer que se movía ante él con una confianza casi depr