La ciudad de Chicago ostentaba una nueva soberana, o al menos eso dictaban las crónicas de sociedad que circulaban en los clubes más exclusivos. Dante Ashworth cumplía su promesa con la precisión de un mecanismo de relojería. Hizo oficial su relación con Olivia Neely, exhibiéndola en galas benéficas, estrenos de ópera y cenas de alta alcurnia como su futura esposa.
Olivia habitaba un sueño febril del que no deseaba despertar. Estaba en glamour y dinero. Se paseaba por la mansión que antes perte