La penumbra de un club privado en las afueras de la ciudad, un refugio de maderas oscuras y terciopelo carmesí, sirvió como escenario para el primer encuentro oficial entre Julian Harroway y Olivia Neely; los dos cómplices para la destrucción de Dante. El aire olía a tabaco de importación y a una ambición podrida. Julian se removía en su asiento de cuero, con los nervios a flor de piel mientras luchaba contra la idea de conspirar contra la mujer que, según sus propios delirios, representaba el