En la capilla del funeral, otro escenario se desarrollaba. Rebeca estaba radiante, oculta tras un velo de falsa solemnidad.
Su sonrisa era discreta, pero sus ojos brillaban de satisfacción.
Caminaba entre los asistentes con paso calculado, recibiendo condolencias con gestos hipócritas, fingiendo una tristeza que no sentía.
Sobre las mesas, cuadros con las fotografías de Amancio y Amadeo decoraban la sala, símbolos de una pérdida que ella celebraba en silencio.
A su lado, Benjamín la acompañaba,