Esa noche, en el apartamento de Mia, el aire estaba cargado de tensión.
Había pasado la tarde arreglando cada detalle: las luces tenues, la música de fondo suave, el aroma de velas elegidas con cuidado.
Todo parecía perfecto, pero dentro de ella, su corazón latía con la fuerza de un tambor de guerra. No era una simple cena, era la noche en que su vida podía cambiar para siempre.
Aníbal llegó puntual, con la expresión dura y la mirada calculadora que lo caracterizaban. En su mano llevaba un peque