Amadeo cargó a su esposa en brazos como si temiera que el mundo pudiera arrebatársela de nuevo.
Con paso firme, la llevó a la cama, donde por fin podrían ser solo ellos, lejos de las sombras que los habían acechado.
Sus miradas se encontraron, y en esos ojos cargados de lágrimas, miedo y amor, encontraron un refugio que les devolvió la calma.
Se fueron despojando lentamente de las ropas, como si cada prenda arrancada representara un pedazo de dolor que quedaba atrás.
Sus cuerpos desnudos se busc