“Es tuyo, ¿no?”
Cuando Gustavo quedó solo en su oficina, cayó en cuenta del peso de esa última interrogante planteada por su hermana. La posibilidad de que esa criatura no fuese su hijo era alta. Después de todo, tenía meses sin ver a Carol y recordaba haberla visto en compañía de otro hombre que se mostraba demasiado cercano para tratarse de un simple extraño.
Ante este hecho, Gustavo enfureció, lanzando todas las cosas que se encontraban sobre su escritorio. No quedó nada en pie. Todo fue arr