Corrió y corrió durante varios minutos, hasta que no pudo más y se desplomó cerca de la carretera. Un auto se detuvo y una persona se compadeció de ella y la ayudó a levantarse.
—¿Se encuentra bien, señorita? Se ve muy pálida —señaló el hombre, reparando en la lividez de su rostro.
Carol asintió con renuencia. No necesitaba la lástima de nadie, bastante tenía con sus desdichas como para ahora agregar algo nuevo.
—Estoy bien —dijo enderezándose con aspereza.
El sujeto no se mostró muy conven