Gustavo regresó de la boda de su hermana, pensando en lo feliz que se veía. Parecía como si finalmente hubiese encontrado ese supuesto amor del que tanto solía hablarle.
Adeline siempre había sido una romántica empedernida y le complacía saber que ahora era correspondida.
Él, por su parte, no creía en esas boberías, nunca las creyó necesarias. Su difunta esposa había resultado ser una buena compañía y con el tiempo le había tomado cariño. Pero no había entre ellos nada más que eso y una hija