Pero Gustavo evadió su pregunta, mientras su atención se centraba nuevamente en el cielo. Las estrellas brillaban intensamente y con cada segundo que transcurría, su curiosidad aumentaba un poco más. Necesitaba obtener una respuesta.
—¿Es eso un sí? —presionó. Era tan difícil sacarle las palabras a este hombre.
—¿Para qué quieres saberlo?
La miró fijamente, con sus ojos verdes, relucientes y al mismo tiempo tan devastadores.
Carol se sorprendió de la rudeza de su voz, pero mantuvo la compost