Carol tragó saliva al reparar en el repentino ataque de ira de Gustavo. Estaba atada, a la merced de este hombre.
—No juegues conmigo —demandó con sus ojos ligeramente desquiciados—. Te aseguro que no soy del tipo de hombre con el que se puede jugar —amenazó y no le quedaron dudas de que estaba en lo correcto. Gustavo era un sujeto peligroso y no necesitaba ni siquiera que se lo dijera para saberlo. Su sexto sentido era muy bueno advirtiéndolo.
—No estoy jugando —contestó con sinceridad y u