Su reflejo frente al espejo mostraba a una mujer hermosa, con un vestido de novia elegante, el cual abrazaba su figura con una delicadeza envidiable. En cada pliegue, en cada encaje, podía verse lo incierto de su futuro. Sus ojos se encontraron con los de su reflejo, y en ese instante, no vio a una novia feliz, vio a la mujer calculadora en la que se había convertido gracias a su padre.
—Ahora soy esto, papá —habló en voz alta, aunque se encontraba completamente sola.
Era la hija mayor de Rubé