La madre de Lorena la entregó a su padre, Rubén, quien le ofreció su brazo para llevarla al altar. Lorena asintió en su dirección y luego alzó el mentón, dispuesta a dar los primeros pasos hacia su nuevo destino.
—Te ves hermosa —halagó su padre en un susurro.
—Soy mucho más que bella, papá. Pero gracias.
El hombre no prestó atención a la respuesta cortante de su hija, y la jaló suavemente para que caminaran juntos.
La marcha nupcial comenzó a sonar y todos los invitados se giraron para c