Anthony lo supo en ese preciso momento: Lorena estaba loca. Su futura esposa era capaz de lo que sea con tal de concretar ese matrimonio.
—Lorena, por favor, hablemos —pidió alzando los brazos en señal de rendición. Sin importar que, no podía permitir que se hiciera daño.
—¡¿Qué quieres hablar?! —gritó ella, enloquecida. Sus ojos estaban rojos—. ¡¿Quieres tratar de convencerme de que no debemos casarnos, es eso?!
—No nos amamos. Lo sabes—trato de encontrar un punto de mediación.
—¿Y quién dic