Inconscientemente y a mitad de la noche, sus cuerpos se pegaron como imanes.
Más allá de que las cosas hayan quedado raras antes de irse a dormir, ninguno de los dos podía evitar estar cerca del otro y en la inconsciencia y en la oscuridad volvieron a encontrarse.
Ambos se dieron vuelta hacia el otro lado y las puntas de sus narices se chocaron en la oscuridad de la noche.
Sofía pudo sentir en su rostro la respiración pesada y profunda de su amado, y si hubiese podido verlo, se hubiese dado cue