-Buenas tardes señor Montenegro, tanto tiempo sin vernos.- La voz de la mujer sonó dulce, sensual y llena de confianza.
-¿Victoria?- exclamó el hombre levantándose de un salto de su asiento y caminando hasta la mujer, que sonreía ampliamente- ¡Querida! ¡Tanto tiempo sin verte!- dijo el dueño de la casa con una sonrisa que no era propia de él y que muy pocos habían visto.
El padre de Lucas la tomó de los brazos y besó cada mejilla efusivamente.
-Pensé que te habías vuelto a tu país, luego de que