Lucas fue veloz al apagar la alarma que había programado, evitando que Sofía se despertara.
La almohada que dividía la cama en dos había volado al suelo en algún momento de la noche, y el joven quiso reír, porque la culpable de eso había sido la muchacha, quien no se había quedado quieta en toda la noche, girando de un lado al otro, pasando sus brazos y sus piernas encima del magnate, invadiendo su espacio personal.
Habían dormido toda la noche en un cuarto del colchón, y al magnate no le podía