Pero al intentar salir de la habitación, su nana lo detuvo con una mano firme en el hombro.
— No tan rápido, Alejandro. Antes de ir a ver a Aisha, necesitas hacer algo importante. Ve a visitar a un psicólogo. Necesitas comenzar con terapias para abordar todo lo que te ha afectado.
Alejandro frunció el ceño, renuente.
— Nana, no sé si eso vaya a…
— Alejandro, escucha bien — la anciana lo interrumpió con una mirada seria — si no haces esto, es muy probable que pierdas a Aisha. Ella es una mujer