Al finalizar, Aisha se quedó un momento más junto a la tumba, perdida en sus pensamientos. Sabía que Mel estaba en un lugar de paz ahora, lejos del sufrimiento que había marcado sus últimos días. Agradeció en silencio por los momentos compartidos y prometió honrar su legado.
De regreso a la casa, Aisha observó una última vez el árbol de cerezo en flor. Era un recordatorio de la belleza efímera de la vida y la fortaleza que Mel había demostrado hasta el final. Con el corazón lleno de gratitud y