Aisha dudó un momento, volviendo a surgir esos pensamientos de acercarse a la verdad.
— Sólo pensé que debías darle una oportunidad, nadie más que él puede pensar en estas pequeñas cosas. —María le dio una palmadita en el hombro a Aisha, con la comisura de los labios ligeramente torcida.
—No te burles de mí Maria. Esto es imposible.
Aisha paseó su mano sobre el vestido negro de seda, este traía unos guantes altos y un tocado para el pelo. Poco después, ella se cambió y se puso los tacones agu