Aisha se quedó callada y María prefirió dejar las cosas así, ellas estuvieron fuera un buen rato y cuando se sintieron capaces de entrar en el velorio se fueron.
— Ya es hora de irse, cariño — María tomó la mano de Aisha — ¿En dónde te estás quedando?
— En la casa de los Montecristo, ese es un detalle que se me olvido decirte. De igual forma me quiero quedar aquí, son los últimos momentos que estaré con mi abuelo después de todo.
— Entonces yo me quedo contigo, no pienso dejarte sola bajo ni