—¡No se puede girar!
—¿Cuántos años lleva oxidada?
—El suelo también se ha endurecido y elevado, dejando la válvula aún más profunda.
Los curiosos comentaban, mientras mis ojos estaban fijos en Sergio.
No esperaba que se tumbara con toda naturalidad directamente en el suelo. Debido al esfuerzo, las venas de sus sienes y brazos sobresalían, mostrando una gran fuerza. Aun así, la válvula no cedía, e incluso vi que su cara empezaba a ponerse roja...
—No se puede girar, muchacho. No te esfuerces más