—Sergio, ¿qué quieres decir con eso? ¿Estás tratando de chantajearme con lo que pasó anoche y nuestra amistad? —le reclamé furiosa.
—No —respondió, incapaz de mirarme a los ojos al pronunciar esa palabra.
Era obvio que se sentía culpable. Apreté con rabia los puños, con unas ganas tremendas de darle una paliza.
—No conozco nada por aquí. ¿Qué tiene de malo que me ayudes un poco? Yo también te he ayudado antes —volvió a hablar Sergio, con una voz débil e infantil.
Esto me hizo sentir como si fuer