Frente al espejo, forcé una sonrisa. "Hoy es un día feliz", me repetí, intentando convencerme una y otra vez de que cada amanecer a partir de ahora traería dicha y felicidad. La sonrisa no llegaba a mis ojos, pero me esforcé por mantenerla.
Al bajar las escaleras, el aroma del desayuno recién hecho me envolvió por completo. Gabriel y Alicia habían transformado la casa: muebles nuevos brillaban bajo la luz matutina y la vajilla relucía sobre la mesa, todo preparado para la ocasión especial.
Alici