Ante mi abrazo repentino, Sergio se quedó paralizado al instante. Después de un momento, murmuró: —¿Me tienes lástima?
—Me duele verte sufrir —corregí.
Sergio se quedó callado y no me devolvió el abrazo, lo que me hizo sentir incómoda.
Estaba por soltarlo en ese momento cuando levanté la vista y vi justo a Carlos no muy lejos.
¿También había venido hoy?
Y Marta, que siempre anda de chismosa, ni siquiera me avisó.
Cuando iba a soltar a Sergio, apreté más fuerte. Él intentó apartarse, pero lo suje