Después de visitar su casa, sabía muy bien que Mariana le había contado todo.
—Si te gustó ese lugar, en el futuro... —se detuvo sin terminar la frase.
Arqueé una ceja. —¿En el futuro qué?
La nuez de Adán de Sergio volvió a moverse. —En el futuro... podríamos envejecer en ese lugar.
—¿Yo sola? —volví a hablar sin pensar.
—Podría acompañarte, si quieres —siempre tan directo.
Pero me eché instintiva para atrás. Nadie sabe qué pasará, menos algo tan lejano como la vejez.
—Encontré especialistas par