Jamás imaginé que me encontraría con Sergio recién salido de la ducha.
Era una de esas escenas donde solo llevaba una toalla en la cintura, dejando al descubierto el torso y las piernas, cubriendo apenas lo esencial.
Sergio también se quedó perplejo, evidentemente sorprendido por mi repentina intrusión. Incluso pude notar cómo su piel bronceada se tornaba rojiza.
Por un momento, nos quedamos ahí parados como tontos, mirándonos sin decir palabra, sin movernos, como si el tiempo se hubiera detenid