—La dejé así por si tenías prisa y venías a buscarme —respondió Sergio con naturalidad.
Sin pensar, solté en ese momento: —¿Entonces saliste así a propósito?
La nuez de Adán de Sergio se movió visiblemente. —No, escuché el teléfono y quise contestar. No esperaba que justo...
Sí, fue justo una simple coincidencia.
Aunque, bueno, tiene muy buen cuerpo, así que no me arrepiento de haberlo visto.
Camino a casa de los Jiménez, Sergio permaneció callado. Pensé que estaba nervioso. —Cuando lleguemos a