Mientras me preguntaba una y otra vez quién me estaba gastando una broma, recibí más llamadas sobre anillos de compromiso y el sitio para la boda. Fue entonces cuando me di cuenta de que esto iba más allá de una simple broma. Al preguntar quién había hecho todos estos pedidos, descubrí lo terriblemente obsesionado que estaba Carlos.
Todo esto era obra suya. Sabiendo que no sería tan infantil como para gastarme una simple broma, pensé en otra posibilidad y lo llamé: —Carlos, ¿qué pretendes hacer