Así que todo había sido una ilusión, incluso la voz de papá solo había sido una alucinación.
Me habían dejado, hace ya diez largos y tormentosos años.
¿Cómo podría escuchar sus voces?
Me quedé ahí parada, desorientada, mientras el último rayo de luz desaparecía por la ventana y el apartamento quedaba sumido en la más completa oscuridad. Finalmente, la tristeza de haber perdido a mis padres y no poder verlos nunca más desbordó mis ojos.
Esa noche dormí intranquila, soñando de manera constante con