Gabriel no respondió, me sobresalté y apresurada agarré su brazo.
—Señor, señor…
Tras un suspiro, Gabriel abrió lentamente los ojos. Sonrió con la mirada, pero estaba ausente. —Sara, casi no puedo despertarme.
Me puse nerviosa. —Señor, llamaré a un médico.
Pero Gabriel me detuvo, con voz débil. —No pasa nada de lo que preocuparse y no hay necesidad de alarmarse, esta no es la primera vez que me pasa, es parálisis y yo ya me acostumbre a lidiar con esto.
Antes había oído hablar de eso, y lo tomé