¡Carajo sí que me duele!
Suspire.
Alguien me agarro del brazo y me apartó. Al levantar la mirada, me encontré con un rostro desconocido.
El tipo, al verme, se notó visiblemente nervioso. Antes de que pudiera decir algo, me soltó y salió a toda prisa corriendo.
Me toqué la frente adolorida por el choque mientras observaba su silueta alejándose apresurada. Miré hacia la oficina de Paula y comprendí que él había estado espiando desde la puerta.
Estaba tan concentrado escuchando que ni notó cuando s