Los ojos de Sergio se contrajeron con brusquedad y me aferré a él:
—¿Es eso?
—¿Por qué piensas eso? —me respondió con otra pregunta.
Estaba por decirle que Alicia lo había mencionado cuando la voz de Mariana de repente sonó a lo lejos:—¡Sara, tu celular no ha dejado de sonar!
Venía corriendo hacia nosotros, aunque no debía hacerlo por su corazón.
—¡Vale, ya voy! —me levanté apresurada de las piernas de Sergio y corrí hacia ella.
Era Alicia quien llamaba, y lo había hecho varias veces. Debía ser