Capítulo 119
Al decir esto, Sergio apretó más mi mano mientras sus pupilas se contrajeron, algo indescifrable cruzó por sus ojos.

Luego la fuerte presión en mi mano desapareció; me había soltado.

Me aparté al instante, frotándome donde me había apretado:

—Ya corregí todo lo que marcaste, ¿quieres revisarlo ahora?

Sergio no se movió, seguía recostado en el sillón y hasta cerró los ojos:

—No hace falta, ve a descansar.

—Ah, buenas noches —tranquila me di la vuelta.

—Sasa —de repente Sergio me llamó.

Me tambale
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