31. Entre el caos y la felicidad
Los disparos siguen resonando, como si sus ecos estuvieran rebotando en cada rincón de la mansión. Me encuentro paralizada, con los ojos fijos en Dimitri mientras lo veo levantarse del sofá de un salto, buscando algo debajo de su chaqueta. De repente, veo el destello metálico: un arma. Mi corazón late aún más fuerte, casi dolorosamente. Él camina hacia la puerta con pasos rápidos y decididos.
—¡Marco! —grita, su voz cortando el ruido—. ¡Marco, contesta!
Silencio. Solo el eco de los disparos en e