Caminé de regreso a mi despacho con las botas resonando sobre la piedra, cada paso cargado de una frustración que amenaza con desbordarse. El sonido de la risa de Valerius y la voz provocadora de Iraida siguen martilleando en mi cabeza. Maldita sea mi hermana y sus supersticiones humanas. "Mala suerte", dijo. Como si el destino no nos hubiera arrojado ya suficiente basura a la cara como para preocuparnos por no vernos unas horas antes de la ceremonia.
La noche anterior había sido un simulacro d