El jardín de invierno de los Lauren parecía detenido en una primavera de catálogo: orquídeas perfectas, luces solares que reflejaban la belleza del lugar desde abajo mientras la luz de la luna y las estrellas se reflejaban en la imponente fuente. Eliot estaba de pie frente al ventanal, con un elegante traje sin corbata, sus dedos estaban apretando el puente de la nariz como si con eso pudiera aflojar la culpa.
—¿Estás bien? —preguntó Lola, avanzando con pasos suaves y una mirada tierna e “inoce