La alfombra del hotel brillaba como un río pulido que conducía al salón principal. Las luces cálidas, la música de cuerdas y el murmullo de la alta sociedad a medio camino entre el halago y el juicio. En la entrada, los fotógrafos tomaban fotos en ráfagas que parecían fuegos artificiales en miniatura.
Dante le ofreció su brazo e Ivana lo tomó sin vacilar. No era una alianza por amor, al menos eso se decían, era un pacto. Henry caminaba un paso detrás de ellos, con la espalda recta y el mentón