Capítulo 45.
— ¡Gritos! Se oyen gritos, entremos ya.
¡Dios mío! Escuchar eso y sentir que mi alma abandonaba mi cuerpo, por supuesto que no me quedaría allí sin hacer nada. Bajé del coche corriendo y aproveché que todos estaban ingresando apresurados al lugar, yo también lo hice detrás de todos ellos y de inmediato lo pude ver.
— ¡Jesse! — grité y corrí.
Habré corrido lo que me pareció a mí una maratón, detrás mío pude escuchar a mis amigos correr para tratar de frenarme o quizás también desesperados por ve