40. Dan
No había logrado concentrarme en nada durante todo el día. Cada tanto miraba el reloj, el teléfono, las cámaras de seguridad del frente… pero no había señales de Nikita. La había dejado temprano, con ella diciendo que solo iba a estar un rato en la oficina y volvería enseguida. “Enseguida” ya era hace ocho horas.
La bebé dormía, tranquila, ajena a la inquietud que me comía por dentro. Cada tanto respiraba hondo y se movía, y ese pequeño sonido era lo único que me mantenía en eje. No quería alarm