Capítulo 40. La Mentira que se Hizo Real.
El grito de Elliot resonó en la noche. El chófer, que había estado esperando en el auto, corrió hacia ellos. La imagen de Maya desplomada en el sofá, pálida y sin vida, lo hizo entrar en pánico. Entre los dos, la levantaron con cuidado y la metieron en el auto.
—¡Corre! ¡A la clínica más cercana! —gritó Elliot, su voz era un alarido de angustia.
El chófer, un hombre profesional y callado, no dijo una palabra. Simplemente aceleró, y el auto se perdió en la noche de Los Ángeles, rompiendo el sile