Capítulo 50. El Duelo de los Depredadores.
La luz de la mañana se filtraba por las cortinas de seda del apartamento de Serafina Dubions, un espacio que olía a incienso caro y ambición.
Elliot estaba sentado frente a ella. Había pasado de la desesperación a una frialdad cortante. Había aceptado la ayuda de la loba.
—No me mires así, Elliot —dijo Serafina, con una sonrisa cínica, mientras le servía un café que costaba más que el sueldo de un mes de su secretaria. —La venganza es un plato que se come frío. Y yo soy experta en servirlo.
—No