Capítulo 33. El Paraíso Griego.
La noche cayó sobre Santorini con una belleza irreal. La villa que les habían asignado parecía sacada de una postal: paredes blancas, techos abovedados y una terraza con vistas al volcán y al inmenso mar Egeo.
El sol se hundió en el horizonte, tiñendo el cielo de colores vibrantes que se reflejaban en el agua: era el escenario perfecto para un romance. En el caso de Maya y Elliot, para una farsa.
Habían pasado el día lidiando con reuniones y la logística de la filmación. Delante del equipo, la